Una película inquietante

Un amigo mío me dijo —hace ya un cierto tiempo— que recordaba haber visto una película danesa inquietante, de la que no quería darme datos; tan solo contarme algo de la trama inicial: Un profesor de parvulario de un cierto pueblo era acusado, en falso, de abuso sexual por una alumna que estaba enfadada con él, hija de su mejor amigo.

La alumna mantenía a ultranza su terrible versión, mientras el profesor era rechazado por todos: el colegio, su amigo, el pueblo e incluso su propia familia. Intervino pronto la policía. “No duré mucho tiempo viendo la película”, me dijo. Y siguió diciéndome: “Pienso que acabaría bien, saliendo la verdad a relucir, o así lo deseaba con toda mi alma”.

Esta conversación me hizo pensar en lo indefenso que queda un acusado cuando no puede aportar pruebas de su inocencia y el acusador aporta solo su propio discurso de acusación. Se trata de la palabra de uno contra otro; en el caso de la película, del profesor y la alumna.

Normalmente, quien acusa debe aportar las pruebas y no el acusado, que, en principio, debería gozar de la presunción de inocencia. En caso de no haber pruebas, la versión del acusador, para ser creíble, debería ser consistente, sin contradicciones, sin afirmaciones que luego se convierten en negaciones en posteriores interrogatorios.

Si son varios los acusadores, la convicción de que el acusado es culpable aumenta, a no ser que, tras las afirmaciones de aquellos, se perciba o se sospeche con fundamento que existe una inquina común, la cual permita pensar que se deforman o tergiversan los hechos. Por ejemplo, lo que sucedió tras el telón de acero a eclesiásticos acusados de espionaje en regímenes totalitarios, sin pruebas, con el fin de eliminarlos de su actuación en la sociedad.

Hoy día algunos medios de comunicación se pueden poner de parte del que consideran más débil, no dando espacio de defensa al presunto agresor o muy poco, aunque la debilidad y la inocencia no van siempre unidas.

A veces puede resultar muy costoso emitir un juicio razonado en contra de lo que piensa la opinión publica, alimentada por las informaciones que recibe. Y entonces puede surgir en las personas una condena que  consideran buena porque se piensa que va a ser ejemplar.

Pero, ¿si el acusado fuera verdaderamente inocente? ¿Quién le resarce la fama, quién el daño psíquico y moral, quién las amistades perdidas, quién el trabajo que no ha podido continuar?

Comprendo que mi amigo no quisiera seguir viendo la película.

Un comentario en “Una película inquietante

  1. Cuando inventaran la verdadera maquina de la verdad… Lo malo es que eso, como no, tambien tendrá adeptos y detractores. Incluso alguien intentará como manipular esa «otra verdad».

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