Una canción

Tengo un amigo mío que es cantautor. No es conocido por la red, solo por sus amigos. La verdad es que canta muy bien. Se acompaña de la guitarra, con letras que llegan al fondo del alma. Su estilo es folk, y él mismo se graba la segunda voz. La mezcla de pistas la controla mediante un equipo casero que ha montado en su casa. ¿El resultado?…  canciones muy gratas de escuchar, ya sea en el propio hogar o yendo por la calle con móvil y cascos.

El hecho es que nunca había reparado en la letra de una de sus canciones en inglés, que traducida un poco libremente dice:

 “¡Qué pena que no te des cuenta de cuánto te quiero!”

Él se lo dice a ella, con un cierto deje de tristeza. La melodía, en tono menor, acompaña al texto cantado, al tiempo que la guitarra llora al compás de la mano que la rasga, como si ésta le estuviera infligiendo una herida profunda.

Mientras sonaba la música en los altavoces de mi portátil, iba pensando en cuánto nos cuesta sentirnos verdaderamente queridos por quienes nos quieren de verdad.

No acabamos de creérnoslo. «¡Pero si fulanita me quiere!», piensa el novio enamorado. Y entonces le estalla la alegría desbordante en su corazón, incontrolada, luminosa, durante unos segundos que desearía fueran eternos.

Sin embargo, cuánto nos cuesta mantener en el tiempo esa certeza de ser amados por amigos o familiares muy próximos que, indudablemente, nos quieren, y, ya no digamos, por el mismísimo Dios.

La muy oída frase de que Dios me ama pierde su fuerza cuando no reforzamos la palabra me, que significa a mí, o cuando no la enunciamos de modo pasivo, en la forma más fuerte de: yo soy amado por Dios.

¡Qué pena que no te des cuenta de cuánto te quiero!”

La tristeza de la vida pasa por el olvido de ser queridos, por pensar que nadie nos quiere. Lo que nunca es verdad del todo.

La alegría de la vida pasa por el saber querer, aunque no nos devuelvan el afecto. Ya lo encontraremos en el mejor momento, libre de egoísmos personales.

Sin olvidar quererse también a uno mismo. Una sana autoestima es el requisito indispensable para amar y sentir el amor de los demás.

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