El billete de entrada

La luz se abría paso tras unas blancas nubes, dejando transparentar la escena en la que Pedro y María, vestidos con trajes blancos, estaban charlando animadamente. En un momento dado se produjo el siguiente diálogo que todos los que estaban allí pudieron escuchar con nitidez:

—María, ¡cuánto me quieres y me has querido! No sé cómo pagártelo.

 —Con dinero no—, bromeó. Y se echó a reír.

—¡Ya lo sé, cariño! Te estoy y te estaré eternamente agradecido. ¿Cómo pudiste aguantar tantas noches despierta por mi causa, sin vacaciones, sin poder desarrollar tu añorada vida social, con el cansancio acumulado de los días? Podías haberme “facturado” a una Residencia con cuidados especiales. Dinero no nos faltaba.

—Yo entendía, querido, que “hasta que la muerte nos separe” implicaba no separarme nunca de ti, ni siquiera cuando estabas yacente en la cama, como un cadáver viviente. Yo te iba diciendo palabras de cariño, sin saber si tú las entendías; te agarraba la mano, te la besaba; te pasaba mi mano por la frente por ver si estabas sudando; te cambiaba de ropa, te alimentaba, te daba de beber. Te contaba cuentos…

» El periódico, en ocasiones, me sobresaltaba con noticias como que habían desconectado a una persona como tú en un hospital, dejándola morir de inanición y de sed por orden judicial. ¡Qué barbaridad!

» Eso no debería suceder contigo y no pasó. Temía que me dejaras, antes de que Dios dispusiera tu fin natural. Ya sé que no me decías nada. Que tu mirada vagaba como perdida. De vez en cuando creía adivinar que algo de lo que te estaba diciendo tú lo entendías y eras feliz con ello. Siempre mantuve la esperanza de tu recuperación. Y he aquí que, pasados unos pocos años desde que te fuiste, volvemos a estar los dos juntos, esta vez para siempre.

» En nuestra actual situación nos podemos comunicar sin necesidad de articular palabras. Leemos los pensamientos, y nuestro amor despide una luz que nos embarga de felicidad. Si miras al Sol, la felicidad es inimaginable. No daña la vista porque lo tenemos dentro. ¿Cómo puede ser esto así? Tenemos una eternidad para averiguarlo, mejor dicho, para disfrutarlo. Porque tienes que saber que estoy aquí contigo gracias a tu enfermedad que me hizo olvidarme de mis caprichos y centrarme en atenderte.

» Ese fue mi billete de entrada.

2 comentarios en “El billete de entrada

  1. Hola:
    Mi nombre es Oscar Barberan, soy locutor de radio y publicidad y actor de doblaje en Barcelona.
    Si quieres saber más de mi puedes echar un vistazo a mi página www.oscarbarberan.com.
    Me pongo en contacto contigo para decirte que he estado leyendo alguna de tus historias y me parecen muy buenas.
    El próximo mes de Diciembre pongo en marcha un Podcast centrado en difundir las historias escritas por nuestra audiencia, y me encantaría poder leer en el mismo alguno de tus relatos. 
    ¿Te gusta la idea?
    Espero tu respuesta

    Esperando contar contigo!

    Oscar Barberan.

    Me gusta

    1. Te copio el correo que te envié ayer a la dirección que tú mismo indicas en el comentario que me enviaste:

      Estimado Óscar, acabo de recibir de WordPress un mensaje tuyo en el que solicitas mi permiso para doblar algunos de mis relatos breves que tengo en mi blog https://relatosbrevesweb.wordpress.com/ y subirlos en audio a tu Podcast.

      Por mi parte me siento muy honrado por tu petición y no tengo ningún inconveniente, por lo que tienes mi permiso expreso. Te agradecería me informaras de cuándo puedo oírlos.

      Saludos cordiales

      Juan Flaquer

      Me gusta

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