Un cuento navideño

«¡Por fin!», se dijeron las figuritas del Belén, mientras los dos chicos las iban sacando de la caja donde habían pasado casi todo el año, envueltas en papel de periódico y rodeadas de serrín. El padre, por su parte, extrajo de un estuche acolchado las figuras principales: san José con su vara, la Virgen en un asiento, y el Niño Jesús en su cuna; la madre, entre tanto, se puso a tapizar la mesa camilla de la sala de estar con el musgo que utilizaba para estas ocasiones, y que también se hallaba guardado en la caja con las demás figuritas. Los corchos de las montañas iban en otra caja aparte, junto con el puente, el papel de plata para el río, el pozo, el molino, animales varios, el buey, … De todo ello se cuidaba el hermano mayor. Pero… faltaba la mula.

El primero en darse cuenta fue el pequeño:

−Mamá, ¿y la mula?

−Busca bien, hijo, en las dos cajas.

−Ya lo he hecho. No está− respondió el niño con total seguridad.

−Pues tiene que estar− dijo la madre, rebuscando por la caja llena de papeles y serrín, y luego por la de los corchos.

Sin que nadie lo esperara el niño se puso a llorar. No le cabía en la cabeza un Belén sin una mula. El buey solo… Lo que más le preocupaba era que el Niño Jesús se quedara sin el abrigo de la mula. Siempre había imaginado que ella le calentaba del frío de la cueva.

−Papá, tenemos que salir a comprar una mula, dijo la madre consolando al pequeño.

−No, mamá, antes hay que buscarlo por toda la casa. Quizá se nos olvidó meterla en la caja y quedó caída en algún lugar. Busquémosla debajo de los muebles.

Todos se pusieron en acción, pero nada. Ni rastro de la mula.

Las figuritas del Belén comenzaron a inquietarse. Se preguntaban unas a otras cómo es que no se dieron cuenta la vez pasada de que la mula no estaba con ellas. La conciencia les afeaba la conducta. «Si todas formamos un único Belén, si a todas nosotras nos une el amor a María, José y el Niño, ¿qué clase de amor es el nuestro que nos olvidamos de la mula, que es como una hermana para nosotras?».

−No os pongáis nerviosas, figuritas− dijo el buey. Yo noté su falta cuando me envolvieron en papel de periódico y no escuché cómo la envolvían a ella. La culpa es mía. Algo tenía que haber hecho. ¿Qué podemos hacer?

En estas estaban cuando intervino uno de los pastores que llevaba una oveja sobre sus hombros.

−A nosotras, figuritas, no nos pueden oír los de la casa. Hablamos demasiado bajo para ellos. Además, no nos podemos mover. Nos quedamos donde nos dejan… ¡Ya está! ¡Los tres Reyes! Ellos pueden ver lo que hay en la habitación desde lo alto de las montañas. ¿Cómo no se me había ocurrido antes?

El mayor de los hermanos ya había dejado los Reyes en su sitio de partida. Sus Majestades entendieron las señales del pastor que les decía que miraran desde lo alto a ver si localizaban a la mula.

Baltasar la divisó en una balda de la biblioteca, dejada quizá por la señora que solía ayudar en la limpieza de la casa y en otras tareas domésticas. Estaba la mula entre dos gruesos libros que dificultaban verla. Enseguida Baltasar alertó a las figuritas que se apresuraron a transmitir a José el hallazgo, preguntándole qué podían hacer ellas.

José habló con María en voz muy baja para no despertar al Niño. Pero el Niño se enteró de lo que pasaba. Medio dormido le mandó a la mula que volviera. Y, ¡he aquí!, que la mula fue a reunirse con el buey, para juntos darle su calor y protección.

−Mamá, mira− gritó el pequeño.

La madre no daba crédito a lo que estaba viendo.

− ¿Quién de vosotros ha encontrado la mula?

Nadie respondía. Si la madre se hubiera fijado en Baltasar habría descubierto una sonrisa de satisfacción en su semblante.

Los villancicos volvieron a sonar en la casa con la alegría de todas las Navidades.

12 comentarios en “Un cuento navideño

  1. Precioso el cuento Juan. Entre la realidad y la ficción,… la magia de la Navidad que muchos conservamos desde niños y ese feliz regreso a aquellos recuerdos rodeados de nuestros abuelos, padres y hermanos , convierte tu relato en un mensaje de inmensa paz y alegria.
    Felicidades y un abrazo fuerte.

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  2. Bonito cuento. Yo también quiero ser como la mula y dar calor al Niño Dios. Me viene a la memoria un villancico que empieza: soy una mula mi Niño……

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