Cyborg

A Luis se le atragantó el café cuando Pedro le planteó sin anestesia la siguiente cuestión:

—¿Aceptarías convertirte en un cyborg y así vivir cincuenta años más?

Unas palmaditas en la espalda, seguidas de un intento de limpieza de la camisa con agua caliente —traída esta al instante por el camarero que los atendía—, hicieron posible continuar la conversación.

—Luis, perdóname. He sido un poco brusco. No pensaba que te fuera a afectar tanto mi pregunta… Podemos hablar de otra cosa, si lo deseas.

Ya completamente repuesto, Luis echó mano del móvil, buscó en Google la definición de cyborg y leyó en voz alta:

 “Cyborg (o ciborg) es una criatura compuesta de elementos orgánicos y dispositivos cibernéticos, generalmente con la intención de mejorar las capacidades de la parte orgánica mediante el uso de tecnología”.

Su amigo entendió que Luis quería entrar en materia y esperó a que continuara hablando.

—Una prótesis puede ayudar a seguir viviendo casi como antes— sentenció Luis con la seguridad que dan los estudios de medicina—.  Las prótesis son avances indudables de la ingeniería médica. Pero esto fue solo el comienzo. Tienes que saber, Pedro, que me ha impactado mucho ver recientemente por televisión a un hombre que le faltaban las dos extremidades inferiores y, sin embargo, podía caminar, e incluso saltar, con dos piernas artificiales gobernadas por su mente. Quizá lo has podido ver tú también.

» No obstante, —continuó diciendo Luis— un deseo de vivir a toda costa puede esconder una visión reductiva de la vida humana, sin la esperanza de un más allá que responda al ansia de felicidad plena y permanente que todos tenemos. Es una utopía pensar en una vida interminable aquí en la tierra, en las condiciones de este mundo. ¿Cincuenta años más de vida?… ¡Bienvenidos!, pero no a cualquier precio. Un cyborg es mitad hombre y mitad máquina. Muy fácilmente puede pasar de gobernar dispositivos mecánicos con la mente a ser gobernado por ellos. La dignidad y libertad personal están en juego.

Sabía Pedro que a Luis le impresionaba el diálogo sostenido entre Jesús y Marta, antes de que Jesús resucitara a Lázaro; y, en particular, la siguiente frase de Jesús: «Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá y todo el que vive y cree en mí, no morirá para siempre»; por lo que no le extrañó la respuesta dada por su amigo, de quien sabía, además, que no temía el final de la vida, pues la veía —en palabras suyas— como “una entrada a la vida sin término”, cosa en la que ambos estaban de acuerdo.

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