Los relatos breves

La Biblioteca. ¡Qué agradable! En verano no hay problemas de sitio. Ya no digamos si además uno llega a primera hora, pudiendo elegir el que más a gusto se encuentre. Yo siempre me decido por el mismo lugar. La mesa cercana a una pilastra, el enchufe muy próximo, la vista hacia la zona acristalada de la entrada, el aire acondicionado lo más lejos posible.

En la sala todas las sillas son iguales, con esa incomodidad que invita a trabajar, a la par que a aprovechar el tiempo. El reloj no es necesario. El silencio lo invade todo. A mi izquierda se hallan las baldas de los libros, protegidos de la luz solar; yo añadiría que dormidos, en espera de que a alguien se le ocurra despertarlos. Y delante de mí la gran mesa, con el portátil encendido dispuesto a escribir lo que se me antoje.

Pienso que no existen las cárceles para los escritores mientras estos estén dotados de, al menos, papel y lápiz. La mano se desliza entonces como ave que levanta el vuelo y desde el cielo contempla la tierra en su majestuosa redondez. Nadie puede apresarla. Nadie puede decidir por ella sus viajes.

Si alguien entra en la sala donde me hallo procuro no distraerme. A veces lo único que el visitante ocasional desea es localizar un determinado libro para llevárselo a casa y allí leerlo con comodidad. Las bibliotecarias le ayudan amablemente a encontrarlo y anotan a continuación su salida.

Escribir es un placer. El escritor participa del acto creador del ser divino. Del “Hágase” genesíaco —del que surgen todas las cosas— al “escríbase” —de quien hace realidad en el papel lo que tiene en su mente— hay una clara analogía. Cuando de un escritor se dice que es creativo se afirma de él que algo nuevo ha introducido en este mundo. El mundo no sería lo que es si él no escribiera. No lo sería si no hubieran existido un Dante, un Shakesperare, un Cervantes y tantísimos otros que han aportado verdaderas joyas literarias a la posteridad.

Pero, ¿qué decir de estos sencillos relatos breves?

Lo único que aspiran es a ser leídos en el mejor momento, sabiendo que su brevedad puede ser su mayor valor. Siempre tratan de decir algo interesante, algo que interpele al lector o lectora, algo que quien los lea se haga preguntas sobre su propia vida… como yo mismo me las voy haciendo conforme los escribo.

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