Una conversación interesante

Habían terminado de reparar el viejo casino del pueblo en plena pandemia, por lo que se había dejado para más adelante la inauguración oficial. Estaba permitido sentarse en las mesas de la terraza del patio interior pero solo en horario restrictivo. Mascarilla obligatoria y prohibido fumar.

—¿Qué me dice de Argentina?, don Braulio.

—No querrá que hablemos hoy de Messi, o de Francisco, o de…

—No, no… Como que me llamo Rodolfo me parece que no están haciendo bien las cosas.

—Explíquese. No me deje en ascuas.

—Si yo intentara cargarme un ternerito antes de nacer, esgrimiendo una excusa (por seria que pudiera parecer), ¡la que se armaría en el pueblo! Sería apaleado.

— ¡Ah ya le entiendo! Usted se refiere a esa ley que permite abortar antes de la semana catorce y que acaban de aprobar en la nación hermana. Pues yo tampoco la entiendo. He oído por la radio que ha habido señorías que se han plegado presuntamente al poder de quienes mandan en el mundo por encima de los partidos, de los gobiernos y de otras instituciones supranacionales: “Si no aprobáis esta ley del aborto no os ayudaremos a salir del agujero”, se dice que les dijo uno de ellos.

—Don Braulio, ¿usted sabe algo de juegos de estrategia?

—Bueno… la verdad…

—Imagínese un país asolado por una hambruna, por una pandemia, o por un cataclismo natural. Las entidades financieras a nivel mundial pueden ayudar de modo altruista o de modo condicionado. Por ejemplo: que el país asolado reduzca el índice de natalidad; o acepte la ideología de género; o permita a otro país utilizar de modo ventajoso sus recursos naturales, y así un largo etcétera. Más aún, la ingeniería social hace posible la injerencia en los demás países. Por ejemplo: haciendo que aumente el paro; o bien que la moneda se devalúe; e incluso creando inestabilidad política. En fin, que es muy difícil mantener la propia soberanía cuando uno está al borde del rescate.

—No sabía D. Rodolfo que usted estaba tan puesto en estas materias.

—Todavía Internet ofrece un amplio ámbito de libertad de pensamiento. No sé cuánto durará.

—La verdad es que charlar con usted siempre me resulta interesante.

—No me sea adulador…

Y aquí terminó esta conversación, dando paso a temas menos trascendentes, enriquecidos —eso sí— por un vino dulce y unas almendras.

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