El último café

Sigo escribiendo mi diario. Ayer mi médico me volvió a prohibir el café, por enésima vez. “¡Que sea el último!”, me ordenó tajante. ¿Por qué no le hago caso?, si me lo manda por mi salud. No es para fastidiarme. Sin embargo, nunca me dice: “Váyase tranquilo. Usted no tiene absolutamente nada. Está como una rosa”.

Si yo oyera esto, le diría: Doctor, por lo que más quiera, recéteme algo, aunque sea unas pastillas inofensivas, de esas de chupar cada tres horas. Mire, cuando vuelva a casa y me pregunten: «¿qué te ha dicho el médico?, ¿qué te ha recomendado?» y conteste que nada, lo que viene después lo tengo asegurado: “pues que te devuelvan el dinero de la consulta”. ¡Qué pena no tener algo que sea un poquito malo y por esa causa pasar la vergüenza de pedir la devolución de lo pagado!

Por eso estoy contento por la prohibición del café. Si hago caso al médico de abandonarlo por completo, no sabrá qué indicarme en la siguiente consulta.

Recuerdo la primera vez que fui a verle en la que me dijo tres cosas: No beber, no lanzarme a la piscina desde un trampolín y no hacer escalada. Cuando le contesté que jamás en la vida se me había ocurrido hacer semejantes locuras se quedó como desconcertado. Suerte que acerté al contarle mi predilección por el café. No fue necesario hacerle saber el número exacto de tazas diarias. La prohibición salió inmediatamente de sus labios, con el alivio de quien había cumplido del todo con su deber.

Por eso no quiero dejar de tomar café. Que cada café sea el penúltimo de un último que nunca llega. Él pensará que soy incorregible. Aunque le he hecho saber que he ido reduciendo el número de tazas. Lo que no sabe es que estoy tomando una sola después del almuerzo. Si se entera, corro el riesgo de que me la prohíba también y me quede sin prohibiciones.

Terminando este trozo de mi diario, me apetece tomar una segunda taza de café, pero no. Hay que irse a dormir. Dicen que el café quita el sueño. ¿Por qué será que en esta última temporada duermo mucho mejor?…

Un comentario en “El último café

  1. Me pasa lo mismo con el vino tinto. Mi doctora averiguó que era mi única desviación: no fumo, camino, hago ejercicio, como fruta, verduras y alimentos frescos con poca sal, no abuso de embutidos, grasas ni precocinados pero, eso si, me gusta el tintorro y lo he seleccionado como compañero de mis comidas para siempre. Por supuesto no le he dicho cuanto bebo para no darle opción de practicar el “micromanagement” pero siempre incide en la necesidad de que lo suprima o, ultimamente a la vista de mi determinación, que al menos lo reduzca sensiblemente.

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