Tres diálogos cortos

I

Sábado por la tarde La madre acaba de leer una noticia en el periódico, mientras la niña se dispone a salir con las amigas.

—Hija, ¿cómo te atreves a salir así?

—Todas mis amigas visten igual.

—Querrás decir van igual de desvestidas. ¿Quieres que te suceda lo que acabo de leer en el periódico?

—Mamá, ¡tengo derecho a vestir como quiera! Y los chicos tienen que respetarme.

—Ah, ¿sí? ¿Te gustaría que tu madre fuera adornada con todas sus joyas paseando por la ciudad?

—No… Podrías tropezarte con un ladrón…

—Pero, ¿si todos deberían respetarme?…

—Mamá, me voy a cambiar de ropa antes de salir.

II

Sentados a la mesa conversa el marido a solas con su mujer.

—Ayer me enteré que un capitán de barco mercante había descubierto un polizón escondido en la cubierta, dentro de un barril vacío con una pequeña abertura que le permitía respirar.

—Y, ¿qué hizo el capitán?

—Lanzarlo por la borda al agua, con la excusa de que era un intruso.

—¡Qué pena! Podría haberlo puesto en seguridad en el primer puerto en el que atracara y se hubiera salvado una vida.

—Tienes razón. Por cierto, tu amiga X iba a tener un hijo, resultado de una …, y optó por el aborto. ¿Lo sabías?

—Si lo hubiera sabido le habría dicho que estaba dispuesta a adoptarlo. ¿Lo hubieras aceptado tú también en nuestra familia?

—¡Yo no soy ese capitán de barco!

III

El abuelo es de edad avanzada. Tras ver un determinado programa de televisión se dispone a hablar muy seriamente con su nieta, que todos los días pasaba a verle para estar un rato con él.

—¡Eres tan parecida a tu madre! Te tengo que confesar una cosa: Me quiero morir. No se lo digas a nadie.

—Pero, ¡abuelo!… ¿Cómo puedes decir esto? Si todos te queremos, si lo que queremos es que vivas muchos años con nosotros.

—Ya lo sé, pequeña. Pero soy un estorbo, una carga para vosotros, un gasto social, un problema para cualquier hospital que me tenga que atender.  ¿Me comprendes?

—Sí, abuelo. Pero, no estoy de acuerdo con lo que dices. Nadie que lleve encima un saco lleno de monedas de oro va diciendo que lleva una carga, sino que transporta un tesoro. Y eso es lo que tú eres: un tesoro para toda la familia. Nadie que haya estado cotizando a la Seguridad Social deja de exigir sus derechos en Sanidad. Y eso es lo que has sido tú: un ciudadano ejemplar que merece el respeto de la sociedad hasta cuando llegue el final. Cuando Dios disponga y no cualquier interesado que quiera adelantar ese sagrado momento.

—Hablas como si fueras una persona mayor.

—Mira, abuelo. Hoy te he traído el diploma de haber terminado mi Máster en Derecho. Seguro que te hará mucha ilusión verlo.

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