El jarrón chino

Todavía conservo un jarrón de cerámica china. No conozco los detalles de cuándo, dónde y por quién fue hecho. Lo cierto es que lo recuerdo en casa de mis padres, en el salón de recibir, adornándolo con sus vistosos colores y dibujos orientales.

Siempre nos repetían, a los hijos cuando éramos pequeños, que en ese salón estaban prohibidos los juegos. Se podrían romper las figuritas de porcelana de la cómoda —con su correspondiente espejo— y lo que sería peor: el citado jarrón chino.

La verdad es que, a esas edades, órdenes de este tipo se reciben con la incomprensión de quien todavía no ha aprendido a valorar el arte o el valor de los objetos. Sabíamos que el salón era zona prohibida y eso nos bastaba.

No creo que el jarrón sea muy valioso, pero sí tiene un gran valor afectivo para mí. Me trae a la memoria la época infantil, recuerdos de mis padres y hermanos. No sabría decir si en algún momento el jarrón estuvo en verdadero peligro de hacerse añicos. Lo seguro es que mis padres lo cuidaban con mucho esmero, mayor que a los demás objetos de la casa.

El jarrón exigía limpiar el polvo, trasladarlo sin brusquedades, cerciorarse de que no había sufrido daño alguno; incluso nos parecía que esperaba que le hiciéramos caso, como si fuera un pavo real…

Cuando le daba el sol por la ventana, los reflejos multiplicaban sus colores, proyectándolos en nuestras retinas infantiles en una tonalidad mágica.

Pienso, al cerrar este corto relato, que cuando por desgracia a alguien se le quiebra un amor verdadero, es como si se hiciera añicos su corazón. ¿No habría que cuidarlo todos los días, con todos los medios al alcance, mucho más que si se tratara de un jarrón chino?

De todos modos, también los jarrones rotos pueden recomponerse. Con esfuerzo y paciencia.  Las piezas del jarrón, vueltas a juntar, le devuelven la forma, el color y esa tonalidad mágica que encandila.

Un comentario en “El jarrón chino

  1. Me gusta, aunque algo menos que otros. Quizá porque el consejo final no está tan bien embridado con el relato, como otras veces. Por eso sabe un poco a «moralina».

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