Las tres maletas

Se puso de moda, para viajar en avión, un juego de tres maletas de una determinada marca. Iguales las tres, excepto en el tamaño. Lo curioso es que la firma comercial, que las tenía patentadas, había optado por lanzar al mercado un único color: un gris mate metalizado. El precio era alto.

A pesar de ello, en las bodegas de carga de los aviones empezaron a aparecer las maletas gris mate metalizadas.  Todas iguales. Sólo diferían en el peso y en el indicador que atribuía la maleta a su verdadero propietario.

El tiempo de recogida de las maletas se eternizaba. Las confusiones y discusiones eran frecuentes. Para evitarlas, los viajeros experimentados ataban a la manilla, antes de facturar, pañuelos de color, cintas, peluches, e incluso pegatinas en los lomos, para un fácil reconocimiento posterior.

En determinados aeropuertos los pañuelos y cintas desaparecían; en otros, los peluches llegaban descabezados e irreconocibles, por el mal trato sufrido. Ni unos ni otros,  sus dueños, tenían derecho a indemnización alguna.

El gobierno comenzó a tomar cartas en el asunto. La decisión del Consejo de Ministros fue, en contra del sentido común, que todos los ciudadanos del país debían usar en adelante ese único tipo de maletas en sus desplazamientos aéreos.

Al Ministerio de Igualdad le parecía intolerable que hubiera gentes viajando con maletas distintas.  Optó por beneficiar a las maletas gris mate metalizadas.

La firma comercial se frotaba las manos (es decir, los propietarios). Se crearon ayudas de todo tipo para aquellos que justificaran no poder comprar el juego de tres maletas. Se hizo un estudio de relaciones humanas para que nadie pudiera argumentar que el gobierno estaba enriqueciéndose a través de familiares, o bien, premiando a donantes del partido dominante, que fueran accionistas de la firma comercial.

Como es lógico las acciones subieron rápidamente como la espuma. Pero una nubecilla se cernía en el horizonte: El Tren de Alta Velocidad. Los pasajeros inteligentes se dieron cuenta de que el tren no era objeto de semejante orden ministerial, tan absurda como gravosa. Y empezaron a cambiar de hábitos. La mayor afluencia de pasajeros en los trenes hizo posible que estos ofertaran precios más competitivos. Los aviones se despoblaban; la firma comercial perdía ingresos; los stocks de maletas gris mate metalizadas llenaban los almacenes. Tuvieron que parar la producción. Las acciones estaban por los suelos.

En el Ministerio de Igualdad descorcharon Champagne para celebrar el primer aniversario de la citada medida. Las caras de los allí presentes formalmente alegres. En la puerta del despacho ministerial había tres maletas preparadas, de colores diversos. Señal de que un alto mando se iba de vacaciones… en tren.

 

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