El silencio amordazante

Me decía recientemente un amigo que “hay gentes que utilizan de modo injusto la figura jurídica del delito de odio para intimidar, y en último término, acallar a quienes sostienen ideas contrarias a las suyas, en claro atentado a la libertad de expresión de la que todos deberíamos disfrutar”.

Y me seguía diciendo que “quienes defienden la vida del no nacido, por ejemplo, y luchan por una legislación no abortista, no odian a nadie; buscan tan solo nuevas leyes que protejan a la criatura en el seno de su madre y, a la vez, ayuden a esta en los ulteriores problemas que conlleve el nacimiento”.

Finalmente, terminaba mi amigo con un: “análogamente, nadie debería poder acusar de delito de odio a quienes sostienen que la ideología de género es uno de los mayores males que padece la humanidad; no hay odio ni animadversión contra las personas por su orientación sexual en semejante afirmación. Quienes así piensan están convencidos de que es un grave error afirmar que el sexo biológico es un constructo social”.

En los dos ejemplos citados, y en otros muchos que podría haber traído a colación, la discrepancia con el discurso dominante es legítima. Reducirla al silencio sería un ejercicio típico de los estados totalitarios de pensamiento único.

¡Que cada cuál piense lo que quiera y lo pueda manifestar!, con los límites del respeto a las personas y la responsabilidad de las propias declaraciones.

Otra forma de silenciar, en mi opinión, es tachar de dogmáticos o fundamentalistas a quienes piensan distinto, sin aportar razones ni argumentos válidos. Con ese modo de actuar se falta al respeto a las personas, y es bien sabido que nunca el insulto ha sido capaz de demostrar que se tiene razón.

¿Por qué no se potencian más los debates en los medios, en los que se pueda hablar con serenidad y ejercer públicamente el derecho a exponer las propias opiniones?

Me formulo esta pregunta y me temo que la respuesta pueda ser que, o bien porque no interesan comercialmente, o bien para que no cuestionen en directo el dominio ideológico de los grupos de presión dominantes.

Un comentario en “El silencio amordazante

  1. Juan, me ha encantado tu relato y estoy totalmente de acuerdo contigo, lo que no vende no interesa. Y a veces no interesa que se sepa como piensa uno, por la imagen que proyectas. Un abrazo

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