No me quieres

“He llegado a la conclusión de que no me quieres”. Esto fue lo que dijo el padre de Fermín a su hijo.

Estaban solos. Fermín no sabía dónde mirar. Carraspeó un poco. Notó sequedad en la garganta. Por fortuna, tenía cerca un vaso de cerveza sin terminar, debido a la prisa por acabar un informe urgente que le reclamaban de su trabajo. Bebió un poco, se sintió mejor y empezó la perorata, sin atreverse a mirar a su padre cara a cara:

—Escucha, papá. No estoy de acuerdo con lo que dices. No tienes un hijo mejor que yo. Te he sacado las máximas calificaciones en el colegio y en la universidad. Nunca te he dado ningún problema serio. Tampoco te he pedido nunca nada especial. Me he sustentado con clases particulares y ahora, como bien sabes,  trabajo en una empresa que va viento en popa. Es verdad que paso mucho tiempo fuera de casa; que no me he casado todavía; que cuando llego, me encierro en mi cuarto a trabajar hasta muy tarde; que me levanto muy pronto; que durante el fin de semana lo que deseo es dormir y ver en mi cuarto mis programas favoritos…

Su padre escuchaba atentamente cada una de sus palabras. La cara seria, la mirada fija en su hijo. Y terminó éste su discurso con un

—… y no es justo lo que dices.

Pasaron unos instantes de silencio, que a Fermín le parecieron eternos. Al fin, el padre rompió a hablar. Sereno, con fortaleza, cuidando cada frase para no herir, como un cirujano que no tiene más remedio que usar un bisturí y desea cortar lo mínimo indispensable.

—Escúchame ahora tú, hijo mío. Todo lo que me has dicho es cierto, salvo la última frase. “Que no soy justo”. ¿Sabes lo que es ser padre? Todavía no. Cuando llegues a serlo comprenderás en profundidad el alcance de mis palabras. Ser padre es procrear un nuevo ser, único e irrepetible, como tú; es abrirse a una nueva vida, a la que le entregas lo mejor de ti mismo, y esa entrega requiere noches sin dormir, atención continuada, pensar mucho, y un montón de sacrificios que desconoces y que nunca sabrás. ¿Piensas que es justo que, cuando llegas a casa, no me busques para saludarme y darme un beso? ¿Es justo que no agradezcas, alguna vez, los servicios que tu madre y yo, a día de hoy, te seguimos prestando? ¿Es justo que te olvides de las efemérides más relevantes de la familia? ¿Es justo que no te organices para estar en casa en alguna celebración? ¿Esas cosas son justas?

—Papá, no pensaba que valorabas tanto esas cosas…

—¿Se puede querer a alguien sin dedicarle tiempo?

Al oír estas palabras, Fermín se retiró cabizbajo y meditabundo.

 

 

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