Un relato turbador

Una pareja de drones sobrevuela el rascacielos más alto de la Capital de la Tierra, la sede de Un Nuevo Mundo.  Las siglas UNM, en grandes letras de oro, coronan el soberbio edificio.

La primera reunión del Consejo Mundial está tocando a su fin. En torno a una gran mesa redonda se hallan sentados los representantes de las Finanzas, de la Política, de los Medios de Comunicación y de las Multinacionales más importantes.

El Presidente del Consejo se levanta para leer el Discurso de Clausura de la Sesión:

—Hermanos, hemos dejado atrás el tenebroso mundo de las ideas, de la confrontación, de las luchas entre nosotros… Construimos Un Nuevo Mundo. La Guerra ha terminado. En realidad, las múltiples guerras locales donde todos hemos perdido algo…  Confieso que fue un acierto ponernos de acuerdo en no usar armas nucleares ni bacteriológicas, aunque…

(en este momento alguien tosió llamativamente)

…ya sé que el Sr. Y no quiere oír lo que deseo que oigan todos.

   (Murmullos en la Sala. El Secretario llama al orden haciendo sonar la campanilla).

Lo que quiero decir es que uno de nosotros —y no quiero señalar a nadie— se ha saltado las reglas del juego, si esta es la palabra más adecuada, dado el caso. Es un eufemismo —ya lo sé— que trata de esconder la realidad más cruda. La población mundial se ha reducido en un…

(aquí la tos se convirtió en un concierto de toses, a cuál más sonora).

…¿alguien tiene pastillas contra la tos? Que no se preocupe nadie. No voy a soltar el dato. Lo único que diré es que el planeta Tierra ha dejado de estar superpoblado.

(Nuevos murmullos en la Sala y nueva llamada de atención del Secretario).

Por fin dejará de haber hambre en el Planeta, no habrá paro, las pensiones llegarán a todos, las enfermedades serán vencidas, la muerte…

—La muerte es invencible— afirmó rotundamente el Sr. Y, poniéndose en pie.

—Nuestros científicos afirman…

—… lo que es un imposible— completó la frase quien se había atrevido a contradecir al Presidente.

Así estaban las cosas, cuando un guardia de seguridad se dirigió al Presidente para comunicarle al oído lo que luego este transmitiría a los reunidos:

—Señores, debemos abandonar el lugar y renunciar a nuestros cargos en el Consejo. Los drones muestran cientos de miles de manifestantes rodeando el edificio. Han convencido a los agentes de seguridad para que no usen sus armas. Todos piden a gritos nuestra dimisión. Salgamos con dignidad.

Y aquí fue cuando me desperté de esta pesadilla.

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